Aventuras en Pekín con nuestros niños

Hola hermanita,

Como sabes, nuestro viaje a China fue una decisión casi de última hora, y aunque no sabíamos muy bien con lo que nos íbamos a encontrar, tengo que decirte que fue una experiencia muy interesante. Al tener sólo quince días y viajar con los niños, decidimos centrar nuestra pequeña aventura en dos ciudades Pekín y Shanghái, y entre medias visitar la Gran Muralla.

La primera impresión de Pekín, a las 2 de la madrugada y después de más de 13 horas de viaje, fue la de estar entrando en Madrid… Increíble pero cierto. Una ciudad moderna, calles anchas, edificios altos… pero claro, con todos los carteles en chino, como nos dejó claro Nene. Esto no significa que toda la ciudad fuera así, como después pudimos comprobar. Pekín tiene más de 20 millones de habitantes, así que vimos un poco de todo.

Nuestra primera salida por la ciudad fue muy agradable, encontramos gente muy amable que en seguida se acercó a “hablar” con nosotros. Fue una pena que nuestro conocimiento de chino no fuera más que hola y adiós y poco más y su inglés fuera casi como nuestro chino, porque realmente no pudimos comunicarnos. Algo que si me quedó claro sobre la gente de este país, es que no se preocupa por el qué dirán. Estuvimos paseando por un parque donde había gente bailando, cantando, haciendo Tai Chi o gimnasia sin importarles quien estuviera mirando.

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Es cierto que ir a visitar un país donde conoces a gente que te puede enseñar cosas, es muy diferente a que viajes a tu aire. Nuestros anfitriones (de nuevo, muchas gracias) nos llevaron a comer a un restaurante típico de Pekín a comer “hot pot”, buenísimo. “Hot pot” es un plato típico chino que consiste en una olla de caldo caliente que puede ser picante o no según lo pidas. En el caldo se van poniendo los distintos ingredientes que quieras: carne, pescado, vegetales, fideos… y ahí se cocinan, al estilo fondue, colocada la olla en el centro de la mesa. Cuando les pides fideos, viene un señor con una pieza de masa y la “trabaja” delante de ti girándola de un lado para otro hasta que se convierte en un fideo súper alargado que te pone dentro del caldo. En este restaurante tenían un pequeño cuarto con juguetes y unas niñeras en el cual dejamos a los peques para que jugaran mientras esperábamos a sentarnos en la mesa; los nenes por supuesto estaban encantados. Como anécdota, en muchos restaurantes cuando te sientas a la mesa, lo que tengas colgado de la silla lo cubren con una especie de saco de tela para que no se te manchen tus cosas mientras comes. Este es un video en el que puedes ver como “trabajan” la masa de los fideos:

http://www.youtube.com/watch?v=4YslUXojooA

Una de las cosas que leímos antes de ir a China, fue que no se debe de beber agua del grifo ni comer fruta que no esté pelada. En los lugares en los que nosotros comimos, cuando nos pusieron agua del grifo, esta estaba hervida y te la daban caliente. Fruta, la verdad es que no comimos mucha fuera.

Otra cosa a tener en cuenta de los restaurantes es que los menús suelen estar en chino y muy pocos en inglés, así que debes estar abierto a probar cosas diferentes, porque puede ser que acaben trayendo algo completamente diferente a lo que crees que has pedido.

La mejor forma de moverse por Pekín es el metro. Está nuevo, limpio, es muy barato (menos de 25 centavos de Euro) y muy seguro, aunque no está muy preparado para los cochecitos de niños. Muchas de sus entradas no tienen ascensor o escaleras mecánicas de bajada, aunque sí de subida, así que F tuvo que cargar bastantes veces el cochecito arriba y abajo. Los tickets los venden en unas máquinas que también están en inglés, y antes de poder entrar, tienes que pasar tus cosas por unas cintas de rayos X, así como las de un aeropuerto. A la entrada de los vagones, hay unos revisores que van “animando” a la gente para que vaya entrando y avisan cuando se van a cerrar las puertas. Algo que nos recomendaron fue no ir en metro en horas punta, se pone imposible.

Otra opción para moverse por la ciudad que utilizamos con frecuencia fueron los taxis. También muy limpios y baratos. La bajada de bandera en Pekín es poco más de un Euro. Problema: los taxistas en su gran mayoría no hablan inglés, sólo chino, así que es importante llevar anotado en chino adonde quieres ir, y lo más importante de todo, la dirección a la que tienes que volver. Nosotros cogimos una tarjeta de un hotel cercano con la dirección escrita en chino y fue con ella con la que pudimos explicar a los taxistas que nos llevaron de vuelta a casa. Mucha gente dice que es difícil coger un taxi en Pekín. Excepto en un par de ocasiones, nos resultó bastante fácil.

También se pueden utilizar para ir de un sitio a otro por la ciudad los tuck-tuck, una especie de carro tirado por un señor en una bicicleta. En nuestro caso, al ir con los niños no pudimos montarnos, pero no creas, nos quedamos con las ganas.

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La primera visita a la China imperial fue a la Ciudad Prohibida. Es impresionante en todos los aspectos. Es el Palacio Imperial más grande del mundo. Es colorida, majestuosa. Algunos de sus edificios han sido reconstruidos varias veces a lo largo de la historia pero siempre siguiendo los parámetros con los cuales fueron construidos, como por ejemplo no usar clavos ni tornillos, sólo juntas de madera para unir cualquier elemento de las edificaciones.

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Tanto para acceder a la Ciudad Prohibida como a la Plaza Tiannamen tuvimos que pasar unos controles policiales. En dichos controles a quien realmente revisaban era a los locales, a los extranjeros prácticamente ni nos miraron.

Fue en la Ciudad Prohibida donde pudimos darnos cuenta de la fascinación que provocan los niños de otras razas a los chinos. Nos pararon más que si fuéramos Angelina Jolie con su prole. Casi a cada paso que dábamos querían hacerle una foto a mis niños o a nosotros. Un poco agobiante tengo que decir, pero al fin y al cabo, estás en un país que no es el tuyo y te adaptas a las circunstancias. Eso sí, si eres del tipo de persona que no te gusta que te toque gente extraña, que se te queden mirando o que te hagan fotos como si fueras un famoso, quizás debes de aprender a decir en chino “no”: 没有(Méiyǒu)

Después visitamos el Palacio de Verano, un lugar hermoso en el que se podía respirar una paz y tranquilidad asombrosa. Quizás era el lago, quizás las vistas tan magnificas de la ciudad, pero realmente un lugar para recordar.

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Pero no nos quedamos ahí. También fuimos al Templo del Cielo, al Templo de los Lamas, al Templo de Confucio y hasta el distrito del Arte 798. Además estuvimos por la zona tradicional china de los Hutongs: callejones pequeños con viviendas bajas y con patios interiores que en su momento fueron el centro activo de la  ciudad. Ahora están empezando a rehabilitar algunos de ellos con tiendas y restaurantes, como el Huton de Nanluoguxiang. También visitamos las zonas de compras por excelencia: Wangfujing muy cerca de la Plaza de Tiannamen y la de Sanlitun. Y como no, no dejamos de ir a un mercadillo tradicional chino, en el que todo se negocia, todo, hasta el precio de la fruta.

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Detalle Templo de los Lamas

Quizás alguien puede pensar que hacer un viaje de este tipo con niños no te va a permitir ver casi nada ni disfrutar. Puede que haya cosas que consideres imprescindibles, como unos baños en condiciones, no como los que te encontrarás por allí, de los turcos con el agujero en el suelo, o cambiadores para bebés. Quizás pienses que debido a la polución es un lugar que no se puede visitar… Nosotros, durante todo el tiempo que estuvimos en Pekín, sólo tuvimos un día nublado por la polución, pero el resto sin problema.

En nuestro caso, el ir con los peques no nos retrasó ni evitó que viéramos todo lo que queríamos ver. Siempre nos acomodamos a las circunstancias y creo que al final pudimos hacer mucho más de lo que en un principio pensamos.

Next stop Shanghai.

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COMMENTS

  1. Encarnación 29 enero, 2013 at 3:54 pm #

    Como estáis acostumbrados a viajar quizá os resulta más fácil ,pero hay que ser decididos.

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