Hotel España, una joya del modernismo.

Hola sister,

Como te dije, fuimos a ver el Hotel España. ¡Qué lugar más bonito! Me encantó. Recordaba el sitio como un lugar bastante decadente, pero con ese encanto que le queda a algunos edificios que fueron grandiosos en su día y han ido perdiendo con los años.

Nos habían ofrecido realizar una visita guiada como las que realizan para los huéspedes, y ya sabes… sin pensarlo mucho, allí nos plantamos.

Como coincidió con un día primaveral de los que en Barcelona tenemos bastantes (por suerte), aprovechamos para dar un paseo por las Ramblas, algo que no hacíamos desde ni me acuerdo cuando; de hecho, no teníamos la experiencia de pasear con el cochecito entre la multitud y las terrazas de los bares repletas de turistas. Por cierto, yo que íba con la idea de enseñarles a los niños  algún “mimo”, ahora creo que ya no tienen permitido ponerse en todo el paseo como antes, y por lo visto, solamente se pueden encontrar al final de la rambla.

Por supuesto, antes de llegar, visita obligada al Mercado de la Boquería. Aquí sí que nos quedamos con las ganas de picar algo en el Bar Pinotxo… Si ya es bastante difícil encontrar un hueco en condiciones normales, era prácticamente imposible colocarse con el cochecito. En fin, nos conformamos con ver el ambiente y el colorido que siempre hay, y que con el buen tiempo se acentúa.

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Cuando llegamos al hotel, aún faltaban diez minutos para la hora en la que habíamos quedado, así que con la ayuda de Tortu y Chinita, que quieren practicar sus primeros pasitos allí donde vamos, empezamos a investigar. La cafetería que hay en la entrada es muy agradable y conecta con el “Bar Arnau”, en honor al escultor Eusebi Arnau, que diseñó el frontal de la impresionante chimenea de alabastro que preside la sala. Antiguamente, era la “Sala de descanso y lectura”, en la que en su día se reunían Gaudí, Domenech y Montaner y algún que otro coetáneo. Como ha ocurrido con tantas obras de arte, durante mucho tiempo a esta chimenea no se le dio el valor que merece, incluso llegaron a pintarla de color negro.

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Esta información nos la dio nuestra excelente anfitriona, y ya sabes que no hay nada mejor para conocer un lugar que te lo explique alguien de la casa. También nos ilustró con muchos más detalles del edificio. Te resumo un poquito para que te hagas una idea:

Es uno de los hoteles más antiguos de la ciudad ya que se inauguró en 1859, y desde entonces, ha formado parte de la historia de Barcelona. Con el paso del tiempo, fue adaptándose a los cambios, especialmente en la etapa de consolidación del modernismo en la ciudad. Fue en el año 1898 cuando apareció en escena Lluís Domènech i Montaner para llevar a cabo la renovación del hotel. Esta reforma se realizó integrando adelantos técnicos, espacios luminosos y elementos de carácter simbólico que facilitaron un ambiente hogareño para el huesped. Recuerdo que en varias estancias del hotel pudimos ver que permanecen mensajes de bienvenida y deseos de buen descanso, entre otros. En 1904, el Ayuntamiento de Barcelona, le concedió el Diploma de Honor por ser “el establecimiento mejor decorado en el concepto artístico-ornamental”.

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No es fácil describir con el detalle que se merecen las diferentes estancias del hotel sin perder la esencia de cada una de ellas. Menos aún si no se es una persona experta en la materia como es mi caso, pero para mí, el comedor situado en un patio de luces merece la pena que lo intente. Este lugar me sorprendió especialmente por la luminosidad que tiene y por el espléndido arrimadero de madera con unos azulejos de cerámica preciosos. Nos explicaron que en la respetuosa rehabilitación que se realizó en el año 2010, este arrimadero se tuvo que quitar con mucho cuidado para poder realizar la restauración respetando al máximo su estructura original. En una de las paredes, la decoración consiste en un estuco espectacular atribuido a Ramón Casas, con un fondo marino en el que hay unas sirenas que le dan a la estancia un encanto especial. Sin duda, tenemos que ir a comer allí un día… Además, teniendo en cuenta que la gestión del restaurante está bajo la dirección de Martín Berasategui, seguro que el menú no desentona con la belleza del comedor.

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Nos trataron estupendamente, incluso nos enseñaron una de las habitaciones para los huéspedes, y ya te informo que no me importaría nada pasar una noche allí. Mucho menos después de que nos explicaron que los colchones que se habían adquirido eran de primera calidad, algo que a mí particularmente me parece importante cuando salgo de casa. Será que como no salgo todo lo que me gustaría, cuando tengo la oportunidad de hacerlo, intento dormir lo mejor posible. Manías…o más bien, cosas de la edad. Esto hace veinte años ni me lo hubiera planteado.

Y después de esta hipotética noche que voy a pasar allí, por la mañana me daré un bañito en la piscina que tienen en la terraza y disfrutaré de la vista panorámica de Ciutat Vella. Aún no tengo claro si desayunaré allí mismo en una hamaca, lo haré en la habitación, o bajaré al comedor para hacer compañía a las sirenas…

En fín, que como mínimo hermanita, te invitaré a comer un día allí cuando vengas. Seguro que te gustará.

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