Momentos en el parque

Hola sister,

Últimamente vamos mucho al parque. Me temo que esta actividad va a durar unos añitos aunque pensarlo me produzca una picazón bastante incómoda. No es que no me guste en sí mismo como concepto y tampoco se trata de que no disfrute a ratitos viendo cómo se mueven Tortu y Chinita entre toboganes, balancines y otros artilugios. Sé que también es una etapa importante para su evolución física y social, pero reconozco que hay más de un momento en el que me aburro y muchas ocasiones en las que sencillamente flipo. La condición humana es muy curiosa y entre tanto batiburrillo de niños, arena, cochecitos, cubos y palas, se desarrollan situaciones que son dignas de analizar.

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La primera que te quiero contar es una que me ha sorprendido mucho: en el parque hay ladrones de juguetes entre los mismos padres y/o abuelos y/o cuidadores habilitados. Sí, sí, te lo digo en serio. Nosotros empezamos llevando una bolsa con cubos, palas y figuritas varias para que jugaran nuestros peques y unos cuantos niños más porque teníamos bastantes la verdad, y hoy cuando nos pusimos a recoger teníamos dos tristes cubos, un par de figuritas (¡nos han mangado también el pie de color naranja!), y ninguna pala. Tú dirás: “se han equivocado y se las han llevado por error”… ¡No! Tienen el nombre puesto… Total, que a este paso la semana que viene volveremos a casa con la bolsa llena de arena.

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Yo pensaba que los niños pequeños eran todos más o menos parecidos a la hora de jugar y entretenerse; pues no. Mira que Tortu tiene días y momentos que dan ganas de llevárselo en volandas a casa y meterlo en la cuna a dormir sin pasar por la bañera (¡qué horror!), pues he encontrado a niños con una conducta muchísimo más cafre de la que él haya tenido en el peor de sus días. Empujan, pisan, tiran, gritan, contestan y todo ello con el beneplácito de sus progenitores. Hay un niño en concreto al que tengo que vigilar de cerca porque además de hacer todo lo anterior parece que tiene predilección por el juguete de turno que lleva Tortu entre manos.

De sus progenitores también quería hablarte: en general son todos de la especie “normal” a la que creo pertenecer. Digo “creo” porque hay algún episodio que prefiero olvidar en el que me veo corriendo hacia Tortu y gritándole para que no se meta debajo del columpio y cuando llego a su altura me doy cuenta de que el columpio está prácticamente parado… (esto muy “normal” no es). Pero también he visto a padres obnubilados con sus retoños que acaban obviando cualquier conducta reprobable que puedan tener éstos, y se crean situaciones para mí “extrañas” en las que cuesta trabajo no aportar opinión pública y notoria… En una selva como es el parque en la que mayores y pequeños se van haciendo fuertes, creo que al menos la parte adulta deberíamos pasar algún test para certificar que no hemos perdido toda la coherencia al hacernos padres. ¡Qué tonterías se pueden llegar a decir! Me viene a la cabeza la película Un Dios salvaje, una adaptación de la obra teatral del mismo nombre de la autora Yasmina Reza que sí no has visto todavía te recomiendo que veas.

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En fin, que tendré que cambiar la perspectiva y empezar a mirarlo todo con otros ojos porque entre otros motivos, me quedan horas y horas en este tipo de recintos. También te diré que estoy convencida de que lo conseguiré más pronto que tarde; hace unos meses me horrorizaba la arena y su facilidad para reproducirse una vez cruzaba la puerta de casa y ahora ya me limito a meter la ropa y a los niños en la bañera y la lavadora. ¿Ó es al revés?

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COMMENTS

  1. Monica 8 noviembre, 2013 at 10:32 pm #

    Real como la vida misma! Simplemente genial!

    • Sofía 8 noviembre, 2013 at 10:56 pm #

      Gracias Mónica! Veo que conoces el tema…

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