Marco era triste y cruel

Hola sister,

Te he notado muy nostálgica, Llegados a una edad todos tendemos a echar la vista atrás y los hijos disparan los recuerdos de nuestra infancia. Tú y yo vivimos juntas nuestra niñez y tu carta me trajo muchos recuerdos. Pero mientras leía lo que contabas, tan lejano en el tiempo pero tan próximo, pensaba que la nostalgia es muy tramposa, que el recuerdo de la infancia perdida suele estar mitificado y que una de las expresiones que menos me gustan es la de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

Como bien dices, cuando fuimos niñas la vida era muy distinta a la que viven nuestros hijos. Nosotras jugábamos horas y horas en la calle sin que estuvieran nuestros padres todo el tiempo vigilándonos. Eran habituales las familias numerosas y nos juntábamos varios hermanos con vecinos que a su vez eran varios hermanos. Pero ya entonces había niños que no estaban tanto en la calle y sigue habiendo niños que hoy en día, en pueblos, ciudades pequeñas e incluso en los parques de grandes ciudades, siguen pasando mucho tiempo en la calle jugando al escondite, a la comba o a pillar.

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Pero yo no lo tengo muy claro, ¿Son realmente menos seguras las calles hoy en día que hace 25 o 30 años? Las estadísticas en EEUU parecen desmentirlo. Si nuestra percepción es otra, supongo que es porque a lo largo de los años vamos acumulando conocimientos sobre malas experiencias que hemos tenido nosotros mismos o nuestro entorno, y porque el miedo a que les pase algo a nuestros cachorros no nos abandonará nunca.

En lo que sí estoy de acuerdo contigo es en que los juegos en la calle o en los parques con otros niños son muy convenientes para que los niños socialicen y tengan actividad física.

En cuanto a que usábamos más nuestra imaginación, no sé qué decirte. Es verdad que el abuso de videojuegos puede provocar que algunos niños no sepan que hacer si no tienen a mano sus consolas, ordenadores o móviles. Pero sin excesos, no hay que desechar las posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen a los niños y que ojalá hubiéramos tenido nosotros a nuestra disposición. Lo mismo que comentas es lo que yo oía decir a los mayores, para los que nosotros teníamos de todo y sus juegos cuando eran niños eran imaginativos frente a nuestros tecnificados entretenimientos. También ellos se extrañaban y se enfadaban cuando nos oían decir que nos aburríamos.

Y es que, con todos los cambios habidos en los últimos años, el gran salto tecnológico en el ocio de los niños quizá fue mayor desde la época de nuestros padres hasta la nuestra que desde que éramos niñas hasta ahora. Y el salto tuvo un nombre: televisión.

La tele cambió el ocio y el acceso al conocimiento de todos, y por supuesto, de los niños que ya nos criamos con ella. La tele que nosotros vimos fue pequeñita y modesta y nos encantaba. Ahora hay muchísima oferta, en EEUU más que en ningún otro sitio, y gran parte de lo ofertado es auténtica basura. Pero hay cosas magníficas, incluidas algunas dirigidas a los niños. Me parece te acuerdas con tanto cariño de algunas de las series que mencionas porque eran “tus series” y las seguiste de muy niña. He tenido ocasión de ver últimamente algún ratito en reposiciones o en Youtube y, vistas hoy, te aseguro que Heidi era una cursilada importante, Marco era cruel, triste, lenta y aburrida, la abeja Maya era simpática pero su animación muy pobre, y Mazinger Z, sería considerada hoy como una de las peores series de las muchas japonesas que se pueden encontrar en cualquier canal. Hay series de dibujos para niños mucho mejores en la actualidad, y nuestros hijos las recordarán con el mismo cariño que tienes tú por las que veías a su edad.

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A Justin Bieber dan ganas de emplumarlo, pero si nosotras sobrevivimos a Enrique y Ana, nuestros hijos saldrán indemnes. Y no nos quejemos, porque a los que vinieron detrás de nosotras les tocó Leticia Sabater. (Por cierto, tenías que ver que papelones hace ahora en televisión, y no me refiero en series como actriz precisamente).

En fin, que las cosas han cambiado y no siempre para bien, pero las posibilidades que ofrecen los avances tecnológicos pueden ser extraordinarias y las vidas de nuestros niños podrán ser más ricas que las nuestras.

Fotos: igoriglesias.wordpress.com y pueblum.com

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