Situaciones estresantes (II)

Hola sister:

No sé si ya te comenté que tenía que llevar a Tortu al oftalmólogo. Nada serio, le llora mucho un ojo y la pediatra quería saber si tenía cerrado el lagrimal. Me dieron hora por la mañana y le dije a Perico que no me acompañara, que me arreglaba bien sola. No habíamos estado antes, pero conozco el edificio y es bastante moderno, así que imaginé que no tendría el problema que a veces surge cuando vamos a algún sitio: los ascensores son muy estrechos.

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Ya te puedes ir haciendo una idea de lo que pasó…

(Sofía entra en el portal empujando el cochecito. Llama al ascensor, y cuando llega se da cuenta de que las puertas interiores son de las que se abren hacia adentro, no son de las del tipo acordeón. Suelta un taco entre dientes, pequeñito porque Sofía habla bastante bien, y mientras aguanta la puerta con la mano derecha, con las piernas muy abiertas y un poco flexionadas, estira el brazo izquierdo hasta agarrar el manillar y empuja el cochecito hacia el interior del ascensor. No, no entra. El mountain buggy no es muy ancho para ser un cochecito gemelar, pero en este tipo de ascensores no cabe. Problemón. El médico está en el sexto piso. Para Sofía es como si estuviera en el “quinto pino”).

(En el edificio hay portería pero la puerta está cerrada y hay un cartel en el que pone “Vuelvo en seguida, El portero”. Se oye a alguien bajando las escaleras. Una señora con aspecto serio, y según se va acercando, además parece que está enfadada. Aún así, lo intenta: los mellizos suelen enternecer a la gente más “dura”…)

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– “Buenos días. Perdone pero tengo un problema. Tengo que subir con los niños al médico y resulta que el cochecito no entra en el ascensor. ¿Sería usted tan amable de ayudarme con uno de ellos y acompañarme hasta el médico? Dejo el carrito aquí al lado de la portería que no creo que moleste”.
– La señora interrumpiéndola: “No puedo, lo siento pero tengo mucha prisa”.
– “Ya… bueno… entiendo…algo se me ocurrirá, no se preocupe”. (mientras Sofía piensa que para prisa la que le ha entrado a ella en perder de vista a semejante insensible…)
En ese momento, otra señora mayor entra en el portal.
– “Disculpe señora, ¿vive usted aquí?”
– “Sí, sí, desde hace veintisiete años. Y me quedé viuda hace dos, para que veas…aquí sola, menos mal que mis hijos me ayudan mucho porque la vida a veces te lo pone difícil, y cuando…”
De repente la señora se fija en el cochecito.
– “¡Si son dos! ¡Pero qué niños más preciosos! ¿Son gemelos?”
“Mellizos”.
– “Pues no se parecen mucho”.
– “No, los mellizos se parecen como pueden parecerse dos hermanos, ¿podría hacerme un favor? El carrito no cabe en el ascensor y tengo que subir con los niños al médico. ¿Le importaría quedarse un momentito con ellos mientras subo a pedir que alguien me ayude?”
“Claro hija, claro. Y, ¿quién es mayor de los dos?”
– “La niña”.
– “Ya me parecía”.
– “Bueno, nació quince minutos antes…”
– “Pero se le nota. Se ve más espabilada. Seguro que habla más que su hermanito”.
– “En realidad no, el niño se ha lanzado a hablar antes. Pues no tardo nada, subir y bajar con alguien que me pueda ayudar”.
“Tranquila, tranquila, que yo me quedo con los gemelitos”.

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(Sube al sexto piso y explica lo que pasa a la recepcionista que muy amablemente se ofrece a bajar con ella para ayudarle con los niños)

– Recepcionista: “¿Y con quien se han quedado los bebés?”
– “Con una vecina. Una mujer que lleva un sombrerito muy gracioso”.
– “¿Pilar? No iría sola, porque desde que enviudó se le ha ido un poco la cabeza a la pobre y sus hijos la tienen muy vigilada“.

(Mientras ve en el indicador del ascensor que ya van por el segundo piso, Sofía nota que se le ha secado la boca. Cuando llegan a la planta baja, no puede evitar abrir la puerta de forma violenta. Ante ella, el portal vacío. Durante un par de segundos, se le contrae el estómago y nota un cosquilleo en la zona de la nuca y la sensación de que se le ha parado el corazón. Desde su derecha oye los balbuceos característicos de Tortu)

– “¡Ya está aquí mamá! exclama Pilar. De maravilla, se han portado de maravilla. En cuanto has subido ha llegado Antonio y hemos entrado en la portería para que puedas dejar el cochecito. Tan pequeñitos y tan espabilados, pero cómo se nota que el niño nació antes, tengo cinco hijos y nueve nietos y esas cosas no se me escapan”.

– (Sofía recuperando el aliento) “Gracias por cuidarlos señora”.

(Con ayuda de la recepcionista y con los niños en brazos suben al sexto piso. La madre de un niño más mayor que ya anda se ofrece a quedarse con Chinita mientras Sofía se queda con Tortu en brazos y va al mostrador)

“Teníamos hora con la Doctora Enríquez a las 10. Con el lío del ascensor nos hemos retrasado un poco”.
– “¿La doctora Enríquez? Hoy no pasa consulta. Está los miércoles y los viernes. Déjeme que mire la agenda… Sí, Tortu tiene hora con ella mañana a las 10″.
“¿Cómo mañana? Pero si teníamos hora el día 4, lo tengo en mi agenda. Mire, se lo enseño”.
– “Me temo que hoy es día 3”.
– “Buufff, no me diga… ¿Y no me puede atender otro doctor?“.
– “Solo hay un traumatólogo y un urólogo. Ya lo siento”.
“No, si ha sido culpa mía. Mañana volveré. ¿Puede alguien ayudarme a bajar a los niños?”

Fotos de: emilienco.com, colourbox.com, zazzle.com y 4showers.com

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COMMENTS

  1. Somos Múltiples 12 abril, 2013 at 12:28 pm #

    Me suena, me suena!!

    A mí me ocurrió yendo al oftalmólogo, y lo que hice fue poner los maxicosi en el carro, subirlos a pulso y luego ir a por el carro. Aún así la estructura del carro no cabía por la puerta y lo tuve que desmontar.

    La vez siguiente lo que hice fue llevar a los niños en mochila para no tener problemas de accesibilidad pero debe ser que estaba gafada con ese médico porque esa tarde se me atascó la cremallera de la mochilla con los niños dentro y no los podía sacar!!! Menos mal que me ayudó un señor muy mañoso en la sala de espera :-)

    Desde entonces sólo voy a consultas médicas situadas en hospitales, porque suelen estar más preparados para este tipo de cosas. Aunque ahora que ya andan suelo aparcar en la puerta y bajarles andando, ¡Qué ganas tengo de librarme del carro para siempre!

    • Sofía 12 abril, 2013 at 2:34 pm #

      Y las que nos encontraremos aún…!! La verdad que lo peor a veces es tener que ser tan “dependiente” de la voluntad o el buen humor de la gente que te rodea, que por otra parte suele ser bueno…(al menos cuando ven a las criaturitas). Y tienes razón: ¡Qué ganas de acabar con el carro! aunque a mí me queda más tiempo que a tí….

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