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Adiós 2013! Hello 2014!

Adiós 2013! Hello 2014!

Hola hermanita,

Que largo es un año y que rápido se me ha pasado a mí este. Empezamos el 2013 hablando de nosotras y de las diferentes tradiciones navideñas en los países en los que vivimos. A lo largo de estos doce meses nos fuimos poniendo al día de lo distinto que es Estados Unidos respecto a España en muchas cosas y de algunas de las costumbres de aquí o de ahí y las que aún nos quedan por descubrir.

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Hablamos de la comida en Estados Unidos y de cómo no todo se reduce a hamburguesas o hot dogs, y también comentamos que requisitos son necesarios para estudiar o trabajar en Estados Unidos, un tema que tendremos que volver a tratar debido a las muchas preguntas que nos siguen haciendo sobre él.

Nos contamos cosas de nuestros niños, recordamos nuestra infancia, fuimos, SOMOS solidarias, hablamos de cosas de mujeres, buscamos piso, intercambiamos ropa, tratamos temas específicos sobre gemelos y también de bebés… Hablamos de productos curiosos para peques en ambos países y algunos tan específicos para mellizos que a mí me llegaron a asombrar.

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Comentamos que el vivir en otro país no hace que tus niños sean bilingües, lo hace el esfuerzo diario de los que estamos alrededor de ellos que somos los que debemos reforzar nuestro idioma para que llegue a formar parte de su día a día de la misma manera que el idioma del país en el que viven, un trabajo nada fácil a pesar de lo que muchos piensen.

Nos mudamos las dos, que vaya jaleo, tú dentro de la misma ciudad con los inconvenientes de una reforma, y yo a otro estado dentro de un país en el que a veces simplemente cambiarse de barrio te puede cambiar el tipo de vida que lleves.

También tratamos temas tan controvertidos como la conciliación familiar en España, ya que en Estados Unidos prácticamente no existe dicha conciliación, o el tema del racismo, un tema que en los tiempos que vivimos no debería tener que tratarse por el mero hecho de que no tendría que existir.

Viví contigo algunas de esas situaciones estresantes por las que a veces pasamos con niños o sin ellos y de las que nunca sabes si debes ponerte a reír o llorar, ¡cuéntame más!

Y viajamos, viajamos a muchos sitios dentro y fuera de nuestros países. En China, Pekín, Shanghái y la Gran Muralla. En México, en los Cenotes de Cuzamá.

En España, visitamos Soria, León y Barcelona y alrededores, donde reviví cosas de nuestra tierra y me descubriste algunos restaurantes muy interesantes y varios hoteles que ya tengo en la lista para visitar la próxima vez que vaya a España.

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En Estados Unidos estuvimos en Miami, en Boston, en el Parque Nacional de Yosemite, en el Museo de los Instrumentos Musicales de Phoenix, en la increíble Casa de la Cascada, en San Antonio, Texas, y como no en Chicago, donde te conté que podrías hacer en la ciudad si sólo tuvieras una noche para visitarla, te hablé de algunas de sus principales atracciones turísticas, de sus museos e incluso de los maravillosos festivales veraniegos que amenizan la ciudad.

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Gracias a un par de amigas pudimos conocer la bella Buenos Aires y también saber cómo se intercambian casas, algo que no descarto probar cuando la peque sea un poco más grande. Sería maravilloso poder tener más gente que nos cuente de sus países y sus cosas y así tener la oportunidad de comparar con lo que vivimos en los nuestros.

Realmente ha sido un año muy ocupado para las dos, y aunque a veces no podamos escribirnos con tanta frecuencia como nos gustaría, las intenciones de ponernos al día de esta forma tan poco habitual están ahí y va a ser interesante ver que nos depara el nuevo año. Yo de momento le pido al 2014 que nuestras familias y amigos tengan salud y que sean muy felices, y si cae un décimo del Niño pues perfecto porque así podré ir a visitaros más a menudo. ¡Feliz 2014!

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Visitar Shanghái

Visitar Shanghái

Hola hermanita,

Recuerdo que ya estuvimos hablamos de nuestro viaje a China en un par de ocasiones, una cuando comentamos que podrías necesitar si viajas con tus niños a este país y la otra cuando te hablé de lo maravillosa que era la ciudad de Pekín. Hoy quiero contarte como fue nuestra visita a Shanghái. Una ciudad enorme, moderna y con un encanto especial debido a su pasado colonial.

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Como sabes, desde Pekín a Shanghái viajamos en menos de 5 horas en un tren de alta velocidad. Toda una experiencia para los peques (y para nosotros). No obstante, sacar unos billetes para viajar en tren en China no es tarea fácil.

Primero lo intentamos por internet pero fue imposible porque la página web del servicio ferroviario chino sólo está en chino. También vimos que existe la opción de contratar un intermediario o alguna agencia de viajes para que te compren los billetes de tren. En este caso, por una pequeña cantidad se ocupan de comprarlos y de llevártelos al lugar en el que estés alojado, pero necesitan unos días para realizar los trámites y nosotros no disponíamos de este tiempo. En algunos sitios leerás que puedes comprar los billetes por teléfono, pero este servicio no se ofrece a los extranjeros, es sólo para nacionales.

Así que F, que es todo un aventurero, decidió irse él solito a la Estación de Tren del Sur de Pekín (si quieres viajar en tren desde Pekín, infórmate bien desde que estación sale tu tren porque hay más de una). Cuando llegó a la estación pensó que iba a encontrar alguien que hablara inglés… pero de las decenas de ventanillas que tienen para la venta de billetes sólo en una, “supuestamente”, hablaban en inglés. Así que después de un buen rato en la cola, cuando F se acercó a la buena mujer que atendía esta ventanilla, ésta no entendía ni papa de lo que él le estaba contando.

Al final por medio de señas, las fechas escritas en un papel y alguna que otra persona que estaba en la cola que ayudó, F volvió a casa con los billetes de ida y vuelta por unos 1500 yuanes por adulto (unos 185 Euros). Hay que tener en cuenta que los precios varían según la clase que elijas o si viajas de día o de noche, ya que también tienen la opción de coches cama y de literas.

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Los niños hasta 120 cm de alto no pagan billete en los trenes chinos y de 120 a 150 cm viajan por la mitad de precio. Cuando un niño no paga billete, este debe de ir sentado encima de un adulto. De esta parte no nos enteramos hasta que no llegamos al tren, así que como Nene con sus 6 años ya no estaba dispuesto a ir sentado casi 5 horas encima de uno de nosotros, nuestra solución fue pasar el viaje dando paseos, algo que encantó a los niños.

La experiencia de viajar en tren en China se la recomiendo a cualquiera que decida hacer viajes entre ciudades en este país. Convives con la gente, oyes mucho chino, que algo queda, el tren es muy rápido, muy limpio y las chicas que lo atienden son muy amables.

Cuando llegas a la estación de Shanghái hay muchos oportunistas que te quieren llevar al centro y te piden unos precios desorbitados. La opción más económica y rápida, ya que en Shanghái hay mucho tráfico, para ir desde la Estación de Tren Hongquiao al centro de Shanghái es el metro. Es la misma línea de metro que debes de tomar si llegas en avión a esta ciudad.

En Shanghái, al igual que en Pekín, desde que organizaron los Juegos Olímpicos han estado abriendo nuevas líneas de metro y modernizando las que ya tenían. Aquí encontramos más estaciones con ascensores y escaleras mecánicas que en Pekín, algo de agradecer al ir con el cochecito de Nana. Lo curioso fue, que en muchas de aquellas estaciones en las que había escaleras mecánicas, estas eran sólo de subida, así que en alguna que otra ocasión nos tocó bajar cargando el cochecito. En ciertas estaciones el único ascensor que tenían ponía que era para el personal, si llamabas por un interfono alguien bajaba para ponértelo en marcha y podías utilizarlo. Recuerda que allí casi nadie habla en inglés, sólo chino, así que ármate de paciencia porque tardan lo suyo y al no saber que dicen cuando contestan el interfono, lo único que te queda es confiar en que realmente alguien baje a poner en marcha el ascensor.

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En el metro de Shanghái, como en Pekín, también existe la figura del señor revisor que está pendiente de que todo el mundo entre en los vagones a tiempo. También aquí, las vías están protegidas por unas paredes de cristal que sólo se abren en la zona de las puertas cuando llega el tren a la parada. En Shanghái el metro vale 4 yuanes y en Pekín 2. Mi primera impresión de Shanghái fue que todo es más caro comparándolo con Pekín y que la gente va más a su rollo. Hay mucho más comercio enfocado al turismo y en algunos casos pueden llegar a ser un poco pesados intentando venderte algo, cosa que en Pekín no vimos.

Algo también que impresiona en Shanghái, es que los dueños de esta ciudad son las bicicletas y las motos. A cualquier sitio que vayas tienes que tener mucho cuidado de no poner un pie fuera de la acera por miedo a que una moto o bici te pase por encima de él.

Los principales lugares para visitar en Shanghái están en la zona central de la ciudad que se divide en cuatro barrios: Old City la zona más antigua de la ciudad; French Concession área donde es su momento estuvo situada la colonia francesa de Shanghái; la zona más moderna de la ciudad donde se encuentra lo que fue la colonia internacional y el paseo del río Huangpu, llamado Bund; y por último la zona de negocios, Pudong, que está al otro lado del mismo río.

Nuestro hotel estaba en la French Concession. Esta zona es muy curiosa desde el punto de vista arquitectónico. Conserva las casas en las que vivían los europeos hace años, pero además hay muchos hoteles, algunos centros comerciales altísimos y bastantes mansiones. Aquí puedes encontrar mercados de comida callejeros muy interesantes, cafés al más puro estilo francés como el Old Café y tiendas de ropa. Muchas de estas tiendas son súper elegantes y venden vestidos tradicionales chinos, aunque a precios un poco altos a mi parecer.

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En Shanghái sólo estuvimos cinco días y uno de ellos lo dedicamos a callejear por la Ciudad Antigua, la Old City, donde están los Jardines y el Bazar Yu. Allí nos encontramos mucha arquitectura china con aire moderno. Muchos mercadillos. Mucha gente. También aquí pasamos un poco de agobio por la cantidad de fotos que la gente local quería hacer a los nenesEn la Old City comimos en un restaurante chino muy peculiar. En este lugar la comida estaba colocada en un mostrador gigante, que no era buffet, e ibas pidiendo lo que querías a las personas que estaban detrás del mostrador. Todos, incluidos los nenes, probamos muchas cosas nuevas y algunas, aunque no todas, deliciosas.

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Los jardines Yu, los Yu Yuan, se encuentran en una de las esquinas de la manzana que forman con el Bazar. Estos jardines son un auténtico remanso de paz en medio de tanto mercado. Dividido interiormente por muros, te hace creer que te encuentras en un pequeño laberinto, donde cada entrada de un lugar a otro entre los muros es diferente. Los niños estuvieron jugando a correr de un lado para otro intentando adivinar que se iban a encontrar al otro lado de cada muro, un estanque, un edificio tradicional o una escultura hermosa. Definitivamente los Jardines Yu fueron una de las estrellas de nuestro viaje.

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Nosotros tuvimos mala suerte con el clima en Shanghái y nos llovió más de lo que nos hubiera gustado. Así que el día que teníamos pensado pasear por el Bund y visitar la zona de negocios llovía lo suyo, por lo que nos fuimos al Museo de Shanghái. Este museo es gratis y tiene una parada de metro justo en la misma plaza donde se encuentra la People’s Square, la Plaza del Pueblo. Las exhibiciones que más nos gustaron fueron las de las monedas y las de los trajes tradicionales y muebles chinos. La exposición de monedas antiguas fue la que más gustó a Nene, porque había de todos los tipos y tamaños. Como curiosidad, ni siquiera en este museo público encontramos personal que explicara cosas en inglés, aunque sí que tenían folletos en varios idiomas.

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Después del museo visitamos bajo la lluvia el Bund, la zona paseo del río Huangpu, donde se encuentran el famoso Hotel Fairmont Peace y también las principales calles comerciales de la ciudad: la Calle Nanjing y la Calle Huaihai.  Desde allí aprovechamos a ver la zona de negocios, Pudong que se encuentra en la otra orilla de río, pero debido al mal clima ya ni nos acercamos.

Si viajas a China, Shanghái es una de las ciudades que deberías visitar, otro estilo diferente a Pekín pero con su propio encanto.

Todas las imágenes de este post son propiedad de cuentamesister.com

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Aventuras en Pekín con nuestros niños

Aventuras en Pekín con nuestros niños

Hola hermanita,

Como sabes, nuestro viaje a China fue una decisión casi de última hora, y aunque no sabíamos muy bien con lo que nos íbamos a encontrar, tengo que decirte que fue una experiencia muy interesante. Al tener sólo quince días y viajar con los niños, decidimos centrar nuestra pequeña aventura en dos ciudades Pekín y Shanghái, y entre medias visitar la Gran Muralla.

La primera impresión de Pekín, a las 2 de la madrugada y después de más de 13 horas de viaje, fue la de estar entrando en Madrid… Increíble pero cierto. Una ciudad moderna, calles anchas, edificios altos… pero claro, con todos los carteles en chino, como nos dejó claro Nene. Esto no significa que toda la ciudad fuera así, como después pudimos comprobar. Pekín tiene más de 20 millones de habitantes, así que vimos un poco de todo.

Nuestra primera salida por la ciudad fue muy agradable, encontramos gente muy amable que en seguida se acercó a “hablar” con nosotros. Fue una pena que nuestro conocimiento de chino no fuera más que hola y adiós y poco más y su inglés fuera casi como nuestro chino, porque realmente no pudimos comunicarnos. Algo que si me quedó claro sobre la gente de este país, es que no se preocupa por el qué dirán. Estuvimos paseando por un parque donde había gente bailando, cantando, haciendo Tai Chi o gimnasia sin importarles quien estuviera mirando.

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Es cierto que ir a visitar un país donde conoces a gente que te puede enseñar cosas, es muy diferente a que viajes a tu aire. Nuestros anfitriones (de nuevo, muchas gracias) nos llevaron a comer a un restaurante típico de Pekín a comer «hot pot», buenísimo. “Hot pot” es un plato típico chino que consiste en una olla de caldo caliente que puede ser picante o no según lo pidas. En el caldo se van poniendo los distintos ingredientes que quieras: carne, pescado, vegetales, fideos… y ahí se cocinan, al estilo fondue, colocada la olla en el centro de la mesa. Cuando les pides fideos, viene un señor con una pieza de masa y la «trabaja» delante de ti girándola de un lado para otro hasta que se convierte en un fideo súper alargado que te pone dentro del caldo. En este restaurante tenían un pequeño cuarto con juguetes y unas niñeras en el cual dejamos a los peques para que jugaran mientras esperábamos a sentarnos en la mesa; los nenes por supuesto estaban encantados. Como anécdota, en muchos restaurantes cuando te sientas a la mesa, lo que tengas colgado de la silla lo cubren con una especie de saco de tela para que no se te manchen tus cosas mientras comes. Este es un video en el que puedes ver como “trabajan” la masa de los fideos:

http://www.youtube.com/watch?v=4YslUXojooA

Una de las cosas que leímos antes de ir a China, fue que no se debe de beber agua del grifo ni comer fruta que no esté pelada. En los lugares en los que nosotros comimos, cuando nos pusieron agua del grifo, esta estaba hervida y te la daban caliente. Fruta, la verdad es que no comimos mucha fuera.

Otra cosa a tener en cuenta de los restaurantes es que los menús suelen estar en chino y muy pocos en inglés, así que debes estar abierto a probar cosas diferentes, porque puede ser que acaben trayendo algo completamente diferente a lo que crees que has pedido.

La mejor forma de moverse por Pekín es el metro. Está nuevo, limpio, es muy barato (menos de 25 centavos de Euro) y muy seguro, aunque no está muy preparado para los cochecitos de niños. Muchas de sus entradas no tienen ascensor o escaleras mecánicas de bajada, aunque sí de subida, así que F tuvo que cargar bastantes veces el cochecito arriba y abajo. Los tickets los venden en unas máquinas que también están en inglés, y antes de poder entrar, tienes que pasar tus cosas por unas cintas de rayos X, así como las de un aeropuerto. A la entrada de los vagones, hay unos revisores que van “animando” a la gente para que vaya entrando y avisan cuando se van a cerrar las puertas. Algo que nos recomendaron fue no ir en metro en horas punta, se pone imposible.

Otra opción para moverse por la ciudad que utilizamos con frecuencia fueron los taxis. También muy limpios y baratos. La bajada de bandera en Pekín es poco más de un Euro. Problema: los taxistas en su gran mayoría no hablan inglés, sólo chino, así que es importante llevar anotado en chino adonde quieres ir, y lo más importante de todo, la dirección a la que tienes que volver. Nosotros cogimos una tarjeta de un hotel cercano con la dirección escrita en chino y fue con ella con la que pudimos explicar a los taxistas que nos llevaron de vuelta a casa. Mucha gente dice que es difícil coger un taxi en Pekín. Excepto en un par de ocasiones, nos resultó bastante fácil.

También se pueden utilizar para ir de un sitio a otro por la ciudad los tuck-tuck, una especie de carro tirado por un señor en una bicicleta. En nuestro caso, al ir con los niños no pudimos montarnos, pero no creas, nos quedamos con las ganas.

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La primera visita a la China imperial fue a la Ciudad Prohibida. Es impresionante en todos los aspectos. Es el Palacio Imperial más grande del mundo. Es colorida, majestuosa. Algunos de sus edificios han sido reconstruidos varias veces a lo largo de la historia pero siempre siguiendo los parámetros con los cuales fueron construidos, como por ejemplo no usar clavos ni tornillos, sólo juntas de madera para unir cualquier elemento de las edificaciones.

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Tanto para acceder a la Ciudad Prohibida como a la Plaza Tiannamen tuvimos que pasar unos controles policiales. En dichos controles a quien realmente revisaban era a los locales, a los extranjeros prácticamente ni nos miraron.

Fue en la Ciudad Prohibida donde pudimos darnos cuenta de la fascinación que provocan los niños de otras razas a los chinos. Nos pararon más que si fuéramos Angelina Jolie con su prole. Casi a cada paso que dábamos querían hacerle una foto a mis niños o a nosotros. Un poco agobiante tengo que decir, pero al fin y al cabo, estás en un país que no es el tuyo y te adaptas a las circunstancias. Eso sí, si eres del tipo de persona que no te gusta que te toque gente extraña, que se te queden mirando o que te hagan fotos como si fueras un famoso, quizás debes de aprender a decir en chino “no”: 没有(Méiyǒu)

Después visitamos el Palacio de Verano, un lugar hermoso en el que se podía respirar una paz y tranquilidad asombrosa. Quizás era el lago, quizás las vistas tan magnificas de la ciudad, pero realmente un lugar para recordar.

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Pero no nos quedamos ahí. También fuimos al Templo del Cielo, al Templo de los Lamas, al Templo de Confucio y hasta el distrito del Arte 798. Además estuvimos por la zona tradicional china de los Hutongs: callejones pequeños con viviendas bajas y con patios interiores que en su momento fueron el centro activo de la  ciudad. Ahora están empezando a rehabilitar algunos de ellos con tiendas y restaurantes, como el Huton de Nanluoguxiang. También visitamos las zonas de compras por excelencia: Wangfujing muy cerca de la Plaza de Tiannamen y la de Sanlitun. Y como no, no dejamos de ir a un mercadillo tradicional chino, en el que todo se negocia, todo, hasta el precio de la fruta.

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Detalle Templo de los Lamas

Quizás alguien puede pensar que hacer un viaje de este tipo con niños no te va a permitir ver casi nada ni disfrutar. Puede que haya cosas que consideres imprescindibles, como unos baños en condiciones, no como los que te encontrarás por allí, de los turcos con el agujero en el suelo, o cambiadores para bebés. Quizás pienses que debido a la polución es un lugar que no se puede visitar… Nosotros, durante todo el tiempo que estuvimos en Pekín, sólo tuvimos un día nublado por la polución, pero el resto sin problema.

En nuestro caso, el ir con los peques no nos retrasó ni evitó que viéramos todo lo que queríamos ver. Siempre nos acomodamos a las circunstancias y creo que al final pudimos hacer mucho más de lo que en un principio pensamos.

Next stop Shanghai.

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Cómo preparar un viaje a China con niños

Cómo preparar un viaje a China con niños

Hola hermanita,

El otro día me preguntabas por nuestro viaje a China y como había sido viajar con los niños. Cuando decidimos hacer este viaje, la primera reacción de algunos fue, ¿estás segura? Bueno, pues segura segura no es que estuviera, pero muy ilusionada sí. Así que empezamos con todos los preparativos: visado, vacunas, seguros médicos, revisar qué medicamentos nos podrían hacer falta, qué lugares visitar y comprar todo aquello que los niños pudieran necesitar.

Después de tener ya el visado en la mano y las vacunas puestas, ¡llegó la hora de preparar las maletas! ¿Qué llevamos? Con niños, pañales. En China venden pañales y de las mismas marcas que puedes encontrar al lado de tu casa, Huggies, Pampers (es la marca de Dodot en EEUU), pero la calidad deja mucho que desear y son un poco más caros que en nuestros países. En nuestro caso, yo decidí no llevar pañales para los quince días (muchos pañales para una maleta). ¿Tú sabías que muchos de los niños chinos que están siendo entrenados para quitarles el pañal, en lugar de ponerles ropa interior, lo que hacen sus mamás es vestirles con un pantalón con un buen agujero en el culete? Así en el momento que tengan ganas de hacer sus “cositas”, los cogen por las piernas con el culo en pompa allá donde estén y se las hacen… Para un país con más de 1.300 millones de habitantes, a un niño por familia, son muchos pañales, así que aunque no comparto la idea, comprendo que se quieran ahorrar un dinerito en un gasto para ellos culturalmente superfluo.

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Toallitas para bebés, yo las llevé, para mi gusto las de allí tienen demasiado perfume. Además yo te recomendaría llevar gel antiséptico y toallitas antibacterianas de manos, incluso si no vas con niños, verás que cuando estés allí te serán muy útiles. Los baños públicos normalmente no tienen ni papel higiénico, ni jabón para lavarse las manos, ni papel ni máquinas para secárselas. Eso sí, los lugares limpísimos, mucho más limpios de lo que yo esperaba. No sólo los baños, las calles, el metro, el tren, todo muy limpio.

Dependiendo de la época en la que vayas, necesitarás protección para los mosquitos y crema del sol, sobre todo si vas a visitar la Gran Muralla (espectacular).

Esencial: un diccionario de mandarín-español (o inglés) y un mapa de la ciudad que vayas a visitar. El mapa debe de llevar también las direcciones en caracteres chinos, porque mucha gente en China sólo sabe leer sus caracteres (entre ellos muchos de los taxistas que te van a llevar de un lado para otro). Si además viene en Pinyin mejor. Pinyin es sistema de transcripción fonética para poder leer y pronunciar el mandarín, y en un caso extremo a la hora de tener que preguntar por algo, siempre ayuda tenerlo de alguna forma escrito. En China, el español no se habla. El inglés, muy poco, ni siquiera en museos o tiendas grandes. Para nosotros lo que nos funcionó fue el lenguaje universal, el de las señas. Entre señas y cuatro cositas que sabíamos decir, creo que salimos bastante bien parados.

Dinero. No suele ser fácil encontrar yuanes (moneda china) para cambiar fuera de China. Un sitio seguro donde encontrarlos es el Banco Chino de Industria y Comercio (ICBC) que ha empezado a abrir sucursales fuera de su país. En realidad no es necesario llevar muchos yuanes, ya que en China los gastos del cambio de moneda extranjera están regidos por el gobierno y son siempre los mismos y relativamente bajos.  Se puede cambiar dinero en bancos, en hoteles y en nuestro caso lo que hicimos fue sacar del cajero automático. Eso sí, China no es el país para pagar con tarjeta de crédito. En muchos sitios, y no estoy hablando de mercadillos, si no en tiendas de ropa, restaurantes y demás, no admiten tarjetas de crédito, sólo dinero en efectivo. Así que siempre es conveniente que lleves dinero contigo para cualquier plan que tengas en el día.

Después de hacer una buena maleta con un montón de cosas, previsora que es una, tocó decidir que llevar en el avión. En mi equipaje de mano, sea el viaje que sea, siempre hay un cambio de ropa para cada uno de los que viajemos y para los niños dos. Juguetes (por lo menos tres, y al menos uno de ellos nuevo), comida, mucha comida, en especial todas esas cositas que a tus niños les gustan, porque para un vuelo de casi 13 horas, la idea es que estén entretenidos, aunque sea comiendo.

Ya te pasaré una lista de todos los pasos que nosotros tuvimos que seguir para conseguir el visado, qué vacunas tuvimos que ponernos y todos los medicamentos que recomiendan llevar.

Otro día te contaré lo increíble que fue esta aventura. Quizás hacer un viaje a China con niños no es algo que mucha gente se plantee, pero yo creo que merece la pena y dependiendo de la edad de tus hijos será una experiencia inolvidable para ellos y para ti.

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